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Un giro inesperado

Ya no quiero seguir con mi duelo…

Nada es lo mismo que antes, todo se ha complicado, pero pretendo volver con las ganas que tenía en el momento en que dejé de pasarme por el blog. Y es que desde junio hasta ahora han pasado demasiadas cosas en mi vida, cosas que no esperaba, cosas que todavía sigo intentando encajar y cosas con las que he aprendido a convivir.

Os diré que un 18 de junio sentí que me robaban mi motivo de vivir “por venganza”. Que un 19 de junio quería ver arder el mundo y un 21 de junio me dispuse a perdonar por amor. Un amor que he sentido durante 7 años, un amor que ha tenido de más y de menos, pero por el que siempre he apostado y luchado… Una semana después, un 28 de junio, me dieron la patada más dura que nadie en la vida me había dado, me “invitaron” (por decirlo con más amabilidad que con la que me lo dijeron a mi) a desaparecer de la vida de la persona que hasta ese mismo momento había compartido 7 años conmigo.

Ese 28 de junio mi mundo se vino abajo… No diré que mi relación era idílica, pues engañaría a todo el mundo incluso a mi. No, no era idílica, pero era la única relación que yo quería tener, la única por la que yo quería apostar y la única por la que estaba dispuesta a seguir luchando.

Han pasado meses (muchos o pocos, según como lo queráis ver), meses en los que he querido decir muchas cosas y no he podido, meses en los que si que me han dicho muchas cosas y he tenido que aguantar y escuchar, meses en los que no he podido expresar y decir mis últimas palabras, yo me las tuve que tragar pues no se me dio opción a más. Meses en los que he tenido que volver a compartir casa con cuatro adultos, un niño, dos perros un gato y un pez. Meses en los que he trabajado en dos empresas diferentes, he cambiado turnos y en los que he perdido mucho más que kilos.

A día de hoy siento rabia, impotencia, frustración… siento que me han robado mi vida, esa que yo quería, esa por la que había luchado y por la que había apostado todo. He estado muchos meses sin saber a donde dirigir mis pasos, sin saber como poder ofrecerle al PequeñO esa madre que tenía, la que caminaba con fuerza y sonriente… pero he aprendido a hacerlo, he buscado nuevas metas, nuevos sueños y no voy a parar hasta conseguirlos.

Hoy aun lloro cuando tengo que explicar a alguien la parte parcial de lo ocurrido, cuando gente que nos conocía me pregunta por él o se preocupa por como estoy (decepcionante como me he visto de sola, os lo aseguro…), cuando tengo que pintar de ignorancia y omitir actos para no dejar a nadie en mal lugar. Pero poco a poco se me acaban las lágrimas, poco a poco sólo son un nudo en mi garganta y espero que algún día sea simplemente algo más que pasó en mi vida.

 photo Los lios de liok_zpsj9ri4vkh.jpg

No voy a seguir de duelo, he aprendido a ser feliz con mi pequeña familia de tres.